miércoles, 12 de octubre de 2016

Apócope

(Bolufer, 1991) insiste que es frecuente que en el castellano antiguo la apócope de la e; grant y grand, fuert, dultz, etc. Actualmente apocopan la final cuando se anteponen al sustantivo, los adjetivos bueno, malo; los indefinidos alguno, ninguno, y los numerales uno, ciento, primero, tercero y postrero: buen señor, cien hombres, etc.

El adjetivos santo perdió, como ciento, la sílaba –to, excepto ante los nombres  Tomé, Tomás, Toribio y Domingo. Grande pierde o conserva la última sílaba sin regla fija para ellos. 
Cuando se usa el artículo con el adjetivo queda éste sustantivado, respectivamente en su terminación neutra; así: lo bueno, lo grande, lo hermoso.

La analogía ha eliminado esta irregularidad en unos casos pero la elevada frecuencia de adjetivos como bueno, malo, grande, les ha permitido salvaguardar las formas irregulares del singular. La variación formal ha permitido establecer diferencias semánticas y sintácticas: la casa es grande/la gran casa.





En estudios realizados por Lapesa, el autor sostiene sus tesis bien conocidas sobre la influencia de los francos en la consolidación de la apócope y sobre la intervención del rey Alfonso X, intervención que habría tenido como consecuencia la desaparición de la apócope. Según la cronología, generalmente aceptada de Rafael Lapesa, en una primera fase, desde los primeros textos hasta finales del siglo XI, prevalecerían las formas plenas, con vocales finales; en el siglo XII y en la primera mitad del XIII se cumpliría la pérdida de la vocal final; al menos, se revelan en esta época numerosos casos de alternancia entre pérdida y conservación de la terminación vocálica; la evolución termina con el restablecimiento de vocales que se manifiesta a partir de las obras escritas en la corte de Alfonso el Sabio.

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