El adverbio está llamado a
modificar a modificadores porque una palabra para convertirse en adverbio
pierde los valores fundamentales que la caracterizaban como sustantivo,
adjetivo o verbo.
El adverbio puede actuar como un
núcleo constante, exactamente igual que el sustantivo, el adjetivo o el verbo. Sus
adyacentes nominales pertenecen a la categoría sustantiva (dos horas antes, cuesta bajo) o adverbial
(más tarde, poco después) si van antepuesto; o serán elementos adjetivados si
van pospuestos (ahora que has llegado, después de que hayas leído).
Puede decirse que el adverbio siempre
ha actuado como sintagma y no ha sido dependiente, como las preposiciones y
conjunciones que deben agruparse a los elementos sustantivos o verbos que
relacionan
Bibliografía
Aguilar, R. C. (1992). El
Español A Través de Los Tiempos. Madrid: ARCO/LIBROS.
E.Solís, C. (1990). Estudio
de los Adverbios de Espacio y Tiempo en el Español medieval.
Pharries, D. A. (2007). Breve
Historia de la Lengua Española. Chicago: The University of Chicago Press .
S.C, A. (s.f.). Evolución
de la expresión del Grado Superlativo Absoluto en el djetivo: La Perífrasis
Sustitutiva del Superlativo Sintético en Español Antiguo.
Pidal,
R. M. (1985). Manual Gramática Histórica Española. Madrid.
Adverbio creado en romance
Sobre todo
(E.Solís, 1990) afirma que el sintagma
adverbial es el resultado claro de un proceso de
gramaticalización-lexicalización, según el cual determinadas palabras o
determinados sintagmas libres se transforman en unidades léxicas de contenido
gramatical y acaban adquiriendo funciones discursivas específicas. La
constitución de sobre todo cumple su función preposicional, quiere decir encima
de y todo actúa como pronombre o como adjetivo.
El
adverbio y sus elementos de relación
Las categorías integradas por el “adverbio” y por
los elementos de relación (entre sintagmas o entre oraciones) como lo afirma (Aguilar, 1992) han conocido
continuos cruces, pese a la diversidad de funciones sintácticas que realizan.
Por otra parte, estas categorías mantienen ciertos lazos con los pronombres,
pues entre los adverbios existen algunos cuyo funcionamiento semántico es
propio de aquéllos (aquí, ahí, etc.,) y entre los pronombres se incluye en
grupo específico, de elemento de relación: los llamados pronombres y adverbios
relativos. Todo ellos se verá reflejado en su historia.
Más frecuente aún puede considerarse la creación de
adverbios a partir de la composición de diversos elementos. Se trata por lo
general de adverbios temporales o espaciales, que, al igual que otros de su
grupo, pueden ir regido por preposición. Combinaciones de adverbios son jamás.
La más habitual es la secuencia de preposición y adverbio: así surigieron a- y
de fuera, assi, Ayuso, denante (DE IN ANTE): disimilado luego en
delante), dentro (DE INTRO), demár,
de- y des-pués, es- y en- tonce(s).
Adverbios
con -mente
El castellano como lo expresa (Aguilar,
1992)
no ha tenido otro modo de formación regular de adverbios que la adición de mente a los adjetivos. Surgido de un
sintagma en ablativo: BONA MĔNTE que sustituyó en latín tardío a las
construcciones clásicas con MODO, todavía en el s. XIII conserva en
ocasiones su naturaleza originaria: “lo
farien de buenamient”, “cuerdamientre”.
Pero el valor más normal ya para estas formas es el de adverbios modales o
cualitativos, apartir de adjetivos: fuertem(i)ent(r)e o participios atrevidam(i)ent(r)e,
etc algunos ya parecen referirse a toda la oración, bien estableciendo un orden:
primeram(i)ent(r)e, o calificándola globalmente: señalam(i)ent(r)e,
funciones ambas en las que el valor primitivo ha sido olvidado por completo. En
el s, XIII la forma común era miente,
con epéntesis frecuente de –r-. a idéntico tipo respondía la combinación
con el germanismo guisa (fiera guisa,
etc.) pero no tuvo tanta difusión.
Junto a ellos estaba cual, -es(QUALE),
usado como relativo sustantivo (“Dozientos
caballero quales mio Cid mando”) o
adjetivo.
Elementos
de relación en las oraciones
En las oraciones los elementos de relación como
insiste (Aguilar, 1992, pág. 169) pueden ser de dos tipos básicos: los que
cumplen alguna función oracional dentro de la frase que introducen los
pronombres y adverbios relativos, y los que se limitan a servir de nexo,
indicando en ocasiones el significado de relación. Por lo tanto se consideran
relativos los adverbios en participio y los de origen cuando Quando, más bien
simple conjunción temporal; cuanto, neutro de ese pronombre; y como Quomodo, que de relativo modal (la
manera como) pasó a integrar correlaciones y construcciones comparativas, así
como a introducir subordinadas muy diversas.
Elementos
de la relación adversativa
Se empleó según (Aguilar, 1992) para
la relación adversativa u opositiva mas (MAGIS), muy frecuentemente sobretodo
en la lengua jurídica, y con valor de adversación a veces muy débil; pero
surgió de PER HOC (por esto, por tanto, sin embargo, sentido aún habitual en la
lengua antigua), de valor más nítido, próximo a veces a la relación concesiva.
Adverbios
Latinos
Según Pidal, (1985) Los
adverbios latinos se conservan en gran número: adhuc aun. Arag. Adú;
ante. Ant. Ante, mod. antes; circa cerca, hodie hoy, jam ya; non, anticuado non mod
no; quando cuando; quōmodo cuomo, cuemo como; sic si, tantum tanto; en fin, magis
que tenía una forma acentuada, ant. maes, maís y mes, mayes,
ninguna de las cuales ha sobrevivido, perdurando sólo otra forma átona por
proclisis *más mas, cuyo primer ejemplo ocurre ya en el primer texto
romance, Las Glosas Emilianenses del
siglo X. Además debemos mencionar importantes adverbios latinos, vivos aún en
el romance antiguo, pero hoy olvidados: aliquando alguandre (sólo en
frases negativas: “nunquas alguandie”, ninguna vez, jamá, pág. 130.
En el latín antiguo o imperial aparecen las combinaciones de preposición
y adverbio: abante, deintus, deforis, demagis, extune, inante, insursum,
perinde, y los gramáticos de imperio censuran algunas de estas
combinaciones y otras por el estilo (…) El romance continuó practicando esta unión afuera , de fuera,
dentro, dentro, adentro, de dentro, además, además extune,, ant. eston; ant.
estonce; intoncce entonces; ant. y vulgar enantes; deinantem demantes.(Pidal, 1985, pág. 131)
El romance formó sus adverbios nuevos mediante la combinación del
sustantivo mětem,ant. miente; mientre, mod mente, y un adjetivo
antepuesto, buenamente, fieramente,
que de expresiones en que mentetiene su sentido propio, pasó a toda
clase de usos: “corría velozmente”,
etc. La lengua antigua se servía también de guisa “llorándole muy fiera guisa”.
Esto quiere decir según Menéndez Pidal que el latín hacía adverbios de
adjetivos: ablativo certo, cito, directo, multo acusativo neutro multum,
tantum, minus, secundum,commodum, etc, así el romance no sólo
conservó cedo, mucho, tanto, menos, segundo, etc., sino que formó otros de
cualquier adjetivo: fuerte, poco, algo, (…) Participio: durante, mediante; recién.
El sustantivo ablativo lŭco en lugar oportuno, a tiempo, inmediatamente
lueg. Numerosas frases de sustantivo o adjetivo con preposición: a menudo, de
pronto, de frente ant. de so-uno, de
con-son-uno, mod de consumo, sustantivo y adjetivo: además del latino quŏmŏdo, hay los ablativos hāe horā agora (pero con
preposición: ad horam. ant, ahora; mod ahora);ipsa hora, ant.
essora; hoc anno ogaño, tota via todavía; y los romances este año, aquella noche, otro día.
Grados del adjetivo
Al comparar dos objetos pueden resultar
iguales o desiguales. Al querer expresar dichas relaciones, tenemos la
comparación de igualdad en el primer caso y la de inferioridad o superioridad
en el segundo. La lengua latina expresaba la comparación de igualdad con los
adverbios tam.. quam; la de
inferioridad mediante minus…quam, y
la de superioridad, ó mediante magis
ó plus…quam, ó empelando la forma del
adjetivo comparativo y en ablativo el segundo término de la comparación.
De igualdad
Tu es tam sapiens quam Petrus
Tú eres tan sabios como Pedro
De inferioridad
Tu es minus sapiens quam Petrus
Tú eres menos sabio que Pedro
De superioridad
Tu es magis sapiens quam Petrus
Tú eres más sabio que Pedro
Comparativos de
Igualdad y de inferioridad
Bolufer, (1991) dice que la
expresión castellana de estos comparativos es la misma latina, sustituyendo en
la primera la conjunción quam por el adverbio como. Es decir, En romance, y en castellano, la
comparación del adjetivo es exclusivamente sintáctica, con algunas excepciones:
las formas supletivas mejor y peor, mayor (en latín correspondía a MAGNUS,
en castellano a grande) y menor (de PARVUS,
y luego de pequeño); el sustantivo señor; y los relacionales interior y exterior, interior y superior,
anterior y posterior.
Comparativos de
superioridad
El latín vulgar perdió la forma sintética
del comparativo, salvando sólo cuatro, que son las únicas que tenemos en
castellano; melioren mejor, peiorem peor,
maiorem mayor, minorem y minusmenor
y menos. Tenemos también las formas
de origen erudito superior, inferior,
anterior, citerior, interior, etc. (Bolufer, 1991, pág. 78).
Estos adjetivos equivalen al positivo
correspondiente precedido del adverbio más;
así mayor/ más grande; para expresar
con ellos la comparación de superioridad, no necesitamos más que anteponer el
segundo término de la comparación la conjunción que; pero en los demás
casos nos hemos de valer de dos palabras para expresar la idea que la lengua
latina expresaba con una sola: sapientior/ más sabio. De modo que
de las dos formas que tenía el latín para expresar este comparativo, sólo
conservamos una en castellano: más… que.
El Superlativo
El superlativo puede ser absoluto y relativo
ó comparativo como lo expresa (Bolufer, 1991). El primero lo
expresa la lengua latina, o mediante la forma sintética de superlativo en
–íssimo ó por los adverbios maxime, valde,
antepuestos al positivo; -así, sapientissimus/valde o máxime sapiens.
El superlativo concertado con el primer término de la comparación y el segundo
término en genitivo del plural ó en ablativo con ex ó acusativo con inter.
Cicero
elocuentíssimus oratorum fuit.
Cicerón el más
elocuente de los oradores fue.
En castellano expresamos este superlativo
con más… de ó entre.
Bolufer (1991) afirma la pérdida en latín
vulgar la forma sintética de superlativo en –issimus –errimus
y –llimus, hubo necesidad de acudir a la perífrasis para expresar la idea
que aquella significaba, y se expresó el superlativo absoluto con los adverbios
muy, mucho, bien antepuestos al, positivo: así,
muy piadoso, muy maisgrave culpa
será, mucho onrados, virtud muy grant, much estrama.
Los superlativos sintéticos en íssmo, érrimo que posee actualmente la
lengua castellano, son de origen erudito. El primero de éstos que aparece en la
literatura, es dulcísimo empleado por
Berceo.
Según Bolufer,
(1991) adoptamos por la lengua erudita los sufijos –íssimo y érrimo, no se contentó con tomar los superlativos latinos
formados con ellos, sino que los agregó á adjetivos de otro origen, como
riquísimo de rico, y a otros que no lo tenían en latín, como pequeñísimo de pequeño.
Por lo tanto las diferencias que tienen los superlativos castellanos comparados
con sus correspondientes positivos, se explican teniendo en cuenta que aquellos
proceden directamente del latín literario y los hemos trasladado a nuestra
lengua. Ejemplos: bonísimo de bueno,
novísimo de nuevo.
Apócope
(Bolufer, 1991)
insiste que es frecuente que en el castellano antiguo la apócope de la e; grant
y grand, fuert, dultz, etc.
Actualmente apocopan la final cuando se anteponen al sustantivo, los adjetivos bueno, malo; los indefinidos alguno, ninguno, y los numerales uno, ciento, primero, tercero y postrero: buen señor, cien hombres, etc.
El adjetivos santo
perdió, como ciento, la sílaba –to, excepto ante los nombres Tomé,
Tomás, Toribio y Domingo. Grande
pierde o conserva la última sílaba sin regla fija para ellos.
Cuando se usa el
artículo con el adjetivo queda éste sustantivado, respectivamente en su
terminación neutra; así: lo bueno, lo
grande, lo hermoso.
La analogía ha
eliminado esta irregularidad en unos casos pero la elevada frecuencia de
adjetivos como bueno, malo, grande,
les ha permitido salvaguardar las formas irregulares del singular. La variación
formal ha permitido establecer diferencias semánticas y sintácticas: la casa es grande/la gran casa.
En estudios realizados por Lapesa, el autor
sostiene sus tesis bien conocidas sobre la influencia de los francos en la
consolidación de la apócope y sobre la intervención del rey Alfonso X,
intervención que habría tenido como consecuencia la desaparición de la apócope.
Según la cronología, generalmente aceptada de Rafael Lapesa, en una primera
fase, desde los primeros textos hasta finales del siglo XI, prevalecerían las
formas plenas, con vocales finales; en el siglo XII y en la primera mitad del
XIII se cumpliría la pérdida de la vocal final; al menos, se revelan en esta
época numerosos casos de alternancia entre pérdida y conservación de la
terminación vocálica; la evolución termina con el restablecimiento de vocales
que se manifiesta a partir de las obras escritas en la corte de Alfonso el
Sabio.
Género y número del adjetivo
Género
El latín tiene
tres terminaciones según Bolufer (1991)
como bonnus, -a, -um; de dos como
brevis, breve, y de una, como prudens, prudentis. Perdido el género neutro, los de tres terminaciones
quedaron en castellano con dos: bueno buena, y los demás con una: breve,
prudente.
bonum
bueno
bonos
buenos
prudentem
prudente
prudentes
prudentes
brevem
breve
Número
Igual que en el
sustantivo, se perdió la flexión casual en los adjetivos, y se reintepretaton
las terminaciones como marcas de número, con idéntica distribución entre los
alomorfos –s y –es, condicionado por el fonema final.
Ejemplo:
Grandes- grandes, común- comunes
martes, 11 de octubre de 2016
Morfosintaxis Histórica del Adjetivo
La
historia morfológica del adjetivo como lo asevera Aguilar (1992) es, en su mayor parte idéntica a la del sustantivo
(como nombres que son ambos): dado que en él género, número y caso eran simples
reflejos, por su concordancia, de los portados por el sustantivo, su
trayectoria en el adjetivo fue también un reflejo de la ya señalada para el
núcleo del sintagma nominal. Únicamente en la comparación se producirán cambios
propios del adjetivo. Pág. 112
Según su flexión, hay dos tipo de adjetivos en
español: los que diferencian el género, bueno/buena (herederos de los latinos
de tres terminaciones: BONUS/-A/-UM, en
los que que se igualaron masculino y neutro), y los invariables, fuerte (que en
latín sólo distinguían el neutro: FORTIS/-E). En este sentido, los cambios
habituales han sido el paso del segundo primer tipo (RUDIS/-E, rudo/-a), y
sobre todo la creación de femeninos específicos (en el siglo XIII aún los en
-or carecen de forma femenina, y coexisten burguesas junto a leonés
invariable). Por ellos, están aún sin explica doble, triple, múltiple, firme y
libre (procedentes del tipo –US/-A/-UM), en los que del plural en uno y otro
tipo sigue las mismas pautas que en los sustantivos de contextura fónica
semejante.
Declinaciones Del Adjetivo
Por su gran semejanza con las tres primeras
declinaciones sustantivas como lo afirma (Pharries,
2007),
las declinaciones adjetivas se desarrollan perfectamente paralelas a las otras.
Tomando altus –a –um como ejemplo el componente neutro (-um), luego las formas
del nominativo (altus –a), y se queda únicamente con las formas oblicuas
alta/altas (femeninas) y alto/altos (masculinas).
La transformación de
los adjetivos de la tercera declinación es análoga: fortis, que en sus formas
no refleja la diferencia entre masculino y femenino, se reduce a las formas
oblicuas forte/fortes (esp. fuerte/fuertes).
Historia
del Adjetivo
El adjetivo para Platón y Aristóteles formaba parte
de la clase verbal. Suponían que la función esencial del adjetivo era la
predicación mientras que el sustantivo consistía en nombrar el sujeto de esa
predicación.
Hubo que esperar hasta el siglo XVIII para que el
adjetivo lograse su independencia. El Abad Girad (1747) en Francia y
Bodmer (1768) en Suiza, fueron los
primeros en considerar que el sustantivo y el adjetivo constituían parte de la
oración, independientes. La Gramática de la Real Academia Española lo hizo
hasta la 12° edición (1870). Un siglo después la academia en su Esbozo (1973)
ha vuelto a dudar de la independencia del adjetivo.
El surgimiento del adjetivo revela un nivel de
desarrollo de las lenguas, para utilizarlo adecuadamente en la comunicación es
necesario conocer sus características, de esta manera se empleará de forma
precisa sin recargar la misma con el empleo excesivo de ello, teniendo en
cuenta que es una categoría que expresa cualidades, amplia, precisa, describe,
caracteriza, puntualiza al sustantivo con el que concuerda en género y número.
Presenta un morfema de grado que matiza los niveles expresivos dentro del
proceso comunicativo y cumple la función de incidir directa o indirectamente en
un sustantivo.
Morfosintaxis Histórica
Las diferencias de estructura gramatical entre castellano y latín son numerosas: es precisamente esa divergencia, más allá de los cambios en el plano fónico o de las nuevas palabras introducidas, lo que hace que latín y castellano puedan ser consideradas lenguas distintas, y no variedades temporales de un mismo sistema lingüístico. Sin embargo, ambas continúan siendo lenguas de un mismo tipo como lo afirma (Aguilar, 1992, pág. 113). Es decir que los cambios gramaticales se remiten más a la ordenación y a los aspectos significativos de las categorías, no ha habido desaparición de ninguna categoría y las reestructuraciones de éstas han sido numerosas y es por esa razón que se han separado las gramáticas de ambas lenguas.