miércoles, 12 de octubre de 2016

Conclusiones

El adverbio está llamado a modificar a modificadores porque una palabra para convertirse en adverbio pierde los valores fundamentales que la caracterizaban como sustantivo, adjetivo o verbo.


El adverbio puede actuar como un núcleo constante, exactamente igual que el sustantivo, el adjetivo o el verbo. Sus adyacentes nominales pertenecen a la categoría sustantiva  (dos horas antes, cuesta bajo) o adverbial (más tarde, poco después) si van antepuesto; o serán elementos adjetivados si van pospuestos (ahora que has llegado, después de que hayas leído).


Puede decirse que el adverbio siempre ha actuado como sintagma y no ha sido dependiente, como las preposiciones y conjunciones que deben agruparse a los elementos sustantivos o verbos que relacionan


Bibliografía

Aguilar, R. C. (1992). El Español A Través de Los Tiempos. Madrid: ARCO/LIBROS.


E.Solís, C. (1990). Estudio de los Adverbios de Espacio y Tiempo en el Español medieval.


Pharries, D. A. (2007). Breve Historia de la Lengua Española. Chicago: The University of Chicago Press .


S.C, A. (s.f.). Evolución de la expresión del Grado Superlativo Absoluto en el djetivo: La Perífrasis Sustitutiva del Superlativo Sintético en Español Antiguo.

Pidal, R. M. (1985). Manual Gramática Histórica Española. Madrid.





Adverbio creado en romance

Sobre todo


(E.Solís, 1990) afirma que el sintagma adverbial es el resultado claro de un proceso de gramaticalización-lexicalización, según el cual determinadas palabras o determinados sintagmas libres se transforman en unidades léxicas de contenido gramatical y acaban adquiriendo funciones discursivas específicas. La constitución de sobre todo cumple su función preposicional, quiere decir encima de y todo actúa como pronombre o como adjetivo.
El adverbio y sus elementos de relación

Las categorías integradas por el “adverbio” y por los elementos de relación (entre sintagmas o entre oraciones) como lo afirma (Aguilar, 1992) han conocido continuos cruces, pese a la diversidad de funciones sintácticas que realizan. Por otra parte, estas categorías mantienen ciertos lazos con los pronombres, pues entre los adverbios existen algunos cuyo funcionamiento semántico es propio de aquéllos (aquí, ahí, etc.,) y entre los pronombres se incluye en grupo específico, de elemento de relación: los llamados pronombres y adverbios relativos. Todo ellos se verá reflejado en su historia.
Más frecuente aún puede considerarse la creación de adverbios a partir de la composición de diversos elementos. Se trata por lo general de adverbios temporales o espaciales, que, al igual que otros de su grupo, pueden ir regido por preposición. Combinaciones de adverbios son jamás. La más habitual es la secuencia de preposición y adverbio: así surigieron a- y de fuera, assi, Ayuso, denante (DE IN ANTE): disimilado luego en delante), dentro (DE INTRO),  demár, de- y des-pués, es- y en- tonce(s).


Adverbios con -mente

El castellano como lo expresa (Aguilar, 1992) no ha tenido otro modo de formación regular de adverbios que la adición de mente a los adjetivos. Surgido de un sintagma en ablativo: BONA MĔNTE que sustituyó en latín tardío a las construcciones clásicas con MODO, todavía en el s. XIII conserva en ocasiones su naturaleza originaria: “lo farien de buenamient”, “cuerdamientre”. Pero el valor más normal ya para estas formas es el de adverbios modales o cualitativos, apartir de adjetivos: fuertem(i)ent(r)e o participios atrevidam(i)ent(r)e, etc algunos ya parecen referirse a toda la oración, bien estableciendo un orden: primeram(i)ent(r)e, o calificándola globalmente: señalam(i)ent(r)e, funciones ambas en las que el valor primitivo ha sido olvidado por completo. En el s, XIII la forma común era miente, con epéntesis frecuente de –r-. a idéntico tipo respondía la combinación con el germanismo guisa (fiera guisa, etc.) pero no tuvo tanta difusión.

Junto a ellos estaba cual, -es (QUALE), usado como relativo sustantivo (“Dozientos caballero quales mio Cid mando”)  o adjetivo.

Elementos de relación en las oraciones

En las oraciones los elementos de relación como insiste (Aguilar, 1992, pág. 169) pueden ser de dos tipos básicos: los que cumplen alguna función oracional dentro de la frase que introducen los pronombres y adverbios relativos, y los que se limitan a servir de nexo, indicando en ocasiones el significado de relación. Por lo tanto se consideran relativos los adverbios en participio y los de origen cuando Quando, más bien simple conjunción temporal; cuanto, neutro de ese pronombre;  y como Quomodo, que de relativo modal (la manera como) pasó a integrar correlaciones y construcciones comparativas, así como a introducir subordinadas muy diversas.


Elementos de la relación adversativa

Se empleó según (Aguilar, 1992) para la relación adversativa u opositiva mas (MAGIS), muy frecuentemente sobretodo en la lengua jurídica, y con valor de adversación a veces muy débil; pero surgió de PER HOC (por esto, por tanto, sin embargo, sentido aún habitual en la lengua antigua), de valor más nítido, próximo a veces a la relación concesiva.



Adverbios Latinos

Según Pidal, (1985) Los adverbios latinos se conservan en gran número: adhuc aun. Arag. Adú; ante. Ant. Ante, mod. antes; circa cerca, hodie hoy, jam ya; non, anticuado non mod no; quando cuando; quōmodo cuomo, cuemo como; sic si, tantum tanto; en fin, magis que tenía una forma acentuada, ant. maes, maís y mes, mayes, ninguna de las cuales ha sobrevivido, perdurando sólo otra forma átona por proclisis *más mas, cuyo primer ejemplo ocurre ya en el primer texto romance,  Las Glosas Emilianenses del siglo X. Además debemos mencionar importantes adverbios latinos, vivos aún en el romance antiguo, pero hoy olvidados: aliquando alguandre (sólo en frases negativas: “nunquas alguandie”, ninguna vez, jamá,  pág. 130.

En el latín antiguo o imperial aparecen las combinaciones de preposición y adverbio: abante, deintus, deforis, demagis, extune, inante, insursum, perinde, y los gramáticos de imperio censuran algunas de estas combinaciones y otras por el estilo (…) El romance continuó  practicando esta unión afuera , de fuera, dentro, dentro, adentro, de dentro, además, además extune,, ant. eston; ant. estonce; intoncce entonces; ant. y vulgar enantes; deinantem  demantes. (Pidal, 1985, pág. 131)


El romance formó sus adverbios nuevos mediante la combinación del sustantivo mětem, ant. miente; mientre, mod mente, y un adjetivo antepuesto, buenamente, fieramente, que de expresiones en que mente tiene su sentido propio, pasó a toda clase de usos: “corría velozmente”, etc. La lengua antigua se servía también de guisa “llorándole muy fiera guisa”.  Esto quiere decir según Menéndez Pidal que el latín hacía adverbios de adjetivos: ablativo certo, cito, directo, multo acusativo neutro multum, tantum, minus, secundum, commodum, etc, así el romance no sólo conservó cedo, mucho, tanto, menos, segundo, etc., sino que formó otros de cualquier adjetivo: fuerte, poco, algo, (…)  Participio: durante, mediante; recién. El sustantivo ablativo lŭco en lugar oportuno, a tiempo, inmediatamente lueg. Numerosas frases de sustantivo o adjetivo con preposición: a menudo, de pronto, de frente ant. de so-uno, de con-son-uno, mod de consumo, sustantivo y adjetivo: además del latino quŏmŏdo, hay los ablativos hāe horā agora (pero con preposición: ad horam. ant, ahora; mod ahora); ipsa hora, ant. essora; hoc anno ogaño, tota via todavía; y los romances este año, aquella noche, otro día. 
Grados del adjetivo

Al comparar dos objetos pueden resultar iguales o desiguales. Al querer expresar dichas relaciones, tenemos la comparación de igualdad en el primer caso y la de inferioridad o superioridad en el segundo. La lengua latina expresaba la comparación de igualdad con los adverbios tam.. quam; la de inferioridad mediante minus…quam, y la de superioridad, ó mediante magis ó plus…quam, ó empelando la forma del adjetivo comparativo y en ablativo el segundo término de la comparación.



De igualdad
Tu es tam sapiens quam Petrus
Tú eres tan sabios como Pedro

De inferioridad
Tu es minus sapiens quam Petrus
Tú eres menos sabio que Pedro

De superioridad

Tu es magis sapiens quam Petrus
Tú eres más sabio que Pedro





Comparativos de Igualdad y de inferioridad

Bolufer, (1991) dice que la expresión castellana de estos comparativos es la misma latina, sustituyendo en la primera la conjunción quam por el adverbio como. Es decir, En romance, y en castellano, la comparación del adjetivo es exclusivamente sintáctica, con algunas excepciones: las formas supletivas mejor y peor, mayor (en latín correspondía a MAGNUS, en castellano a grande) y menor (de PARVUS, y luego de pequeño); el sustantivo señor; y los relacionales interior y exterior, interior y superior, anterior y posterior.

Comparativos de superioridad

El latín vulgar perdió la forma sintética del comparativo, salvando sólo cuatro, que son las únicas que tenemos en castellano; melioren mejor, peiorem peor, maiorem mayor, minorem y minus menor y menos.  Tenemos también las formas de origen erudito superior, inferior, anterior, citerior, interior, etc. (Bolufer, 1991, pág. 78).


Estos adjetivos equivalen al positivo correspondiente precedido del adverbio más; así mayor/ más grande; para expresar con ellos la comparación de superioridad, no necesitamos más que anteponer el segundo término de la comparación la conjunción que; pero en los demás casos nos hemos de valer de dos palabras para expresar la idea que la lengua latina expresaba con una sola: sapientior/ más sabio. De modo que de las dos formas que tenía el latín para expresar este comparativo, sólo conservamos una en castellano: más… que.

El Superlativo

El superlativo puede ser absoluto y relativo ó comparativo como lo expresa (Bolufer, 1991). El primero lo expresa la lengua latina, o mediante la forma sintética de superlativo en –íssimo ó por los adverbios maxime, valde, antepuestos al positivo; -así, sapientissimus/valde o máxime sapiens. El superlativo concertado con el primer término de la comparación y el segundo término en genitivo del plural ó en ablativo con ex ó acusativo con inter.


Cicero elocuentíssimus oratorum fuit.

Cicerón el más elocuente de los oradores fue.

En castellano expresamos este superlativo con más… de ó entre.


Bolufer (1991) afirma la pérdida en latín vulgar la forma sintética de superlativo en –issimuserrimus y –llimus, hubo necesidad de acudir a la perífrasis para expresar la idea que aquella significaba, y se expresó el superlativo absoluto con los adverbios muy, mucho, bien antepuestos al, positivo: así, muy piadoso, muy mais grave culpa será, mucho onrados, virtud muy grant, much estrama.

Los superlativos sintéticos en íssmo, érrimo que posee actualmente la lengua castellano, son de origen erudito. El primero de éstos que aparece en la literatura, es dulcísimo empleado por Berceo.


Según Bolufer, (1991) adoptamos por la lengua erudita los sufijos –íssimo y érrimo, no se contentó con tomar los superlativos latinos formados con ellos, sino que los agregó á adjetivos de otro origen, como riquísimo de rico, y a otros que no lo tenían en latín, como pequeñísimo de pequeño. Por lo tanto las diferencias que tienen los superlativos castellanos comparados con sus correspondientes positivos, se explican teniendo en cuenta que aquellos proceden directamente del latín literario y los hemos trasladado a nuestra lengua. Ejemplos: bonísimo de bueno, novísimo de nuevo.






Apócope

(Bolufer, 1991) insiste que es frecuente que en el castellano antiguo la apócope de la e; grant y grand, fuert, dultz, etc. Actualmente apocopan la final cuando se anteponen al sustantivo, los adjetivos bueno, malo; los indefinidos alguno, ninguno, y los numerales uno, ciento, primero, tercero y postrero: buen señor, cien hombres, etc.

El adjetivos santo perdió, como ciento, la sílaba –to, excepto ante los nombres  Tomé, Tomás, Toribio y Domingo. Grande pierde o conserva la última sílaba sin regla fija para ellos. 
Cuando se usa el artículo con el adjetivo queda éste sustantivado, respectivamente en su terminación neutra; así: lo bueno, lo grande, lo hermoso.

La analogía ha eliminado esta irregularidad en unos casos pero la elevada frecuencia de adjetivos como bueno, malo, grande, les ha permitido salvaguardar las formas irregulares del singular. La variación formal ha permitido establecer diferencias semánticas y sintácticas: la casa es grande/la gran casa.





En estudios realizados por Lapesa, el autor sostiene sus tesis bien conocidas sobre la influencia de los francos en la consolidación de la apócope y sobre la intervención del rey Alfonso X, intervención que habría tenido como consecuencia la desaparición de la apócope. Según la cronología, generalmente aceptada de Rafael Lapesa, en una primera fase, desde los primeros textos hasta finales del siglo XI, prevalecerían las formas plenas, con vocales finales; en el siglo XII y en la primera mitad del XIII se cumpliría la pérdida de la vocal final; al menos, se revelan en esta época numerosos casos de alternancia entre pérdida y conservación de la terminación vocálica; la evolución termina con el restablecimiento de vocales que se manifiesta a partir de las obras escritas en la corte de Alfonso el Sabio.
Género y número del adjetivo

Género

El latín tiene tres terminaciones según Bolufer (1991) como  bonnus, -a, -um; de dos como brevis, breve, y de una, como prudens, prudentis. Perdido el  género neutro, los de tres terminaciones quedaron en castellano con dos: bueno buena, y los demás con una: breve, prudente.

bonum
bueno
bonos
buenos
prudentem
prudente
prudentes
prudentes
brevem
breve


Número

Igual que en el sustantivo, se perdió la flexión casual en los adjetivos, y se reintepretaton las terminaciones como marcas de número, con idéntica distribución entre los alomorfos –s y –es, condicionado por el fonema final.

Ejemplo:

Grandes- grandes, común- comunes 




martes, 11 de octubre de 2016


Morfosintaxis Histórica del Adjetivo

 La historia morfológica del adjetivo como lo asevera Aguilar (1992) es, en su mayor parte idéntica a la del sustantivo (como nombres que son ambos): dado que en él género, número y caso eran simples reflejos, por su concordancia, de los portados por el sustantivo, su trayectoria en el adjetivo fue también un reflejo de la ya señalada para el núcleo del sintagma nominal. Únicamente en la comparación se producirán cambios propios del adjetivo. Pág. 112

Según su flexión, hay dos tipo de adjetivos en español: los que diferencian el género, bueno/buena (herederos de los latinos de tres terminaciones:  BONUS/-A/-UM, en los que que se igualaron masculino y neutro), y los invariables, fuerte (que en latín sólo distinguían el neutro: FORTIS/-E). En este sentido, los cambios habituales han sido el paso del segundo primer tipo (RUDIS/-E, rudo/-a), y sobre todo la creación de femeninos específicos (en el siglo XIII aún los en -or carecen de forma femenina, y coexisten burguesas junto a leonés invariable). Por ellos, están aún sin explica doble, triple, múltiple, firme y libre (procedentes del tipo –US/-A/-UM), en los que del plural en uno y otro tipo sigue las mismas pautas que en los sustantivos de contextura fónica semejante.

Declinaciones Del Adjetivo


Por su gran semejanza con las tres primeras declinaciones sustantivas como lo afirma (Pharries, 2007), las declinaciones adjetivas se desarrollan perfectamente paralelas a las otras. Tomando altus –a –um como ejemplo el componente neutro (-um), luego las formas del nominativo (altus –a), y se queda únicamente con las formas oblicuas alta/altas (femeninas) y  alto/altos  (masculinas).


La transformación de los adjetivos de la tercera declinación es análoga: fortis, que en sus formas no refleja la diferencia entre masculino y femenino, se reduce a las formas oblicuas forte/fortes (esp. fuerte/fuertes)
Historia del Adjetivo

El adjetivo para Platón y Aristóteles formaba parte de la clase verbal. Suponían que la función esencial del adjetivo era la predicación mientras que el sustantivo consistía en nombrar el sujeto de esa predicación.

Hubo que esperar hasta el siglo XVIII para que el adjetivo lograse su independencia. El Abad Girad (1747) en Francia y Bodmer  (1768) en Suiza, fueron los primeros en considerar que el sustantivo y el adjetivo constituían parte de la oración, independientes. La Gramática de la Real Academia Española lo hizo hasta la 12° edición (1870). Un siglo después la academia en su Esbozo (1973) ha vuelto a dudar de la independencia del adjetivo.

El surgimiento del adjetivo revela un nivel de desarrollo de las lenguas, para utilizarlo adecuadamente en la comunicación es necesario conocer sus características, de esta manera se empleará de forma precisa sin recargar la misma con el empleo excesivo de ello, teniendo en cuenta que es una categoría que expresa cualidades, amplia, precisa, describe, caracteriza, puntualiza al sustantivo con el que concuerda en género y número. Presenta un morfema de grado que matiza los niveles expresivos dentro del proceso comunicativo y cumple la función de incidir directa o indirectamente en un sustantivo.



Morfosintaxis Histórica



Las diferencias de estructura gramatical entre castellano y latín son numerosas: es precisamente esa divergencia, más allá de los cambios en el plano fónico o de las nuevas palabras introducidas, lo que hace que latín y castellano puedan ser consideradas lenguas distintas, y no variedades temporales de un mismo sistema lingüístico. Sin embargo, ambas continúan siendo lenguas de un mismo tipo como lo afirma (Aguilar, 1992, pág. 113).  Es decir que los cambios gramaticales se remiten más a la ordenación y a los aspectos significativos de las categorías, no ha habido desaparición de ninguna categoría y las reestructuraciones de éstas han sido numerosas y es por esa razón que se han separado las gramáticas de ambas lenguas.